La importancia del contacto

El otro día te di una serie de recomendaciones para que portees a tu bebé de forma segura. Hoy quiero contarte porqué debemos coger en brazos y portear a nuestros bebés, y es que aunque la gente quiera hacernos creer lo contrario, los bebés no solo es que no quieran brazos por capricho, sino que los piden por necesidad, porque es donde deben estar, porque así lo ha querido la naturaleza, para demostrártelo vamos a ver cómo son los diferentes tipos de animales y en cuál nos encontramos nosotros.

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Nidícolas1

Los animales nidícolas o de madriguera son aquellos que nacen indefensos, “a medio hacer”, con los ojos y el interior de las orejas cerrados, sin pelo, sin poder moverse, sin saber regular su temperatura corporal y necesitando ayuda de su madre para cosas tan básicas como hacer pis o caca. Seguro que estás pensando en algunos animales de este tipo como los ratones o los conejos, seguro que no te los imaginas solos, sino a un buen puñado de ellos en el nido, en la madriguera. Y es que el lugar donde se sienten seguros y tranquilos es rodeaos de sus hermanos y esperando que vuelva su madre esperan además muy quietecitos para no ser descubiertos por los depredadores, ya que si uno les encuentra al ser crías tan indefensas no durarán ni 2 segundos. Por eso entre otras cosas las camadas son tan grandes, para que aunque mueran muchos nazcan muchos, y de forma muy continuada, es la estrategia que la naturaleza ha diseñado para ellos, más cantidad que calidad podríamos decir. Estos animales tienen vidas muy cortas y alcanzan la madurez sexual muy pronto.

En el lado contrario están los animales nidífugos o de manada, la cría que nace es una copia en miniatura del adulto y además es muy autónoma desde el momento en que nace, a los pocos minutos puede ponerse de pie y poco más tarde puede andar detrás de su madre, junto al resto de la manada. Seguro que te estás imaginando un caballo o una oveja. En este caso ya no imaginas una gran camada de crías, sino un parto único, y la madre no deja a la cría para ir a buscar comida, sino que viven todos

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Nidífugos

juntos con otros de su especie, en manada. Estos animales tienen ciclos de vida más largos y una esperanza de vida mayor. Podríamos decir que en este caso prima la calidad a la cantidad de las crías, ya que al tener una en cada parto hay que dedicarle más cuidados para que pueda sobrevivir y perdurar la especie. Es tan importante el cuidado de la cría que no solo la madre, sino que toda la manada la protege, su forma de estar protegidos de los depredadores es estar dentro de la manada, incluso cuando se desplazan las crías van en el centro, protegidas por los adultos que van en el exterior. Estas crías no se quedan quietas para que no les oigan, todo lo contrario, si pierden de vista a su madre gritan para que vuelva con ellos, o alguien de la manada acuda en su ayuda.

Si buscamos un grupo en el que encajar lo tenemos difícil, ya que aunque pueda parecer que somos animales de manada porque somos seres sociales, con partos únicos, etc. no somos una miniatura de un adulto al nacer, ni somos autónomos, ya que requerimos muchos cuidados puesto que no somos capaces de desplazarnos, pero tampoco somos animales de madriguera.

¿A qué grupo pertenecemos entonces?

Podemos encontrar varias teorías que ayudan a entender porqué no encajamos en ningún grupo: La teoría de Portman basada en el dilema obstétrico y la teoría de Hassenstein.

El dilema obstétrico dice que los humanos tenemos un parto prematuro fisiológico, que nuestro período de gestación debería ser, si nos comparamos con animales de características similares a las nuestras, de unos 18 meses, es decir, nacemos a mitad del período de gestación. Las razones que se intuyen para este parto prematuro derivan del proceso de bipedestacion. Al ponernos de pie y caminar sobre dos piernas el canal de parto se estrecha, y a la vez el cerebro y craneo se hacen más grandes ya que el tener las manos libres podemos interactuar con el entorno y crear herramientas, cosa que no ha conseguido ningún otro animal. Así que tenemos una cabeza que aumenta de tamaño y el hueco por el que tiene que pasar esa cabeza que disminuye, la cosa no puede acabar bien. Afortunadamente la naturaleza es sabia y durante este proceso de evolución, en lugar de dejar al bebé dentro los 18 meses y luego a ver cómo sale de ahí la criatura, lo que ha ocurrido como sabes es que nacemos a los 9 meses, a medio hacer, en un parto prematuro fisiológico. Si pensamos en un bebé de 9 meses, ya se desplaza, se sienta, gatea incluso, ya es una cría más parecida a las de los animales de manada que hemos visto antes.

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Primates, animales portadores

Por otro lado la teoría de Hassenstein dice que aunque la teoría de Portman sea cierta un bebé de 9 meses, aunque más parecido, no cumple todas las características de los animales de manada, puesto que sigue sin ser una miniatura del adulto y no es capaz de desplazarse detrás de su madre, sigue necesitando que le lleven. Sin embargo, según Hassenstein, sí que encajamos en otro grupo de animales, los primates. Como primates somos crías muy dependientes del adulto, que nos tiene que llevar de un sitio a otro durante un largo período de nuestra infancia, y en ese tiempo adquirimos el desarrollo motor necesario para desplazarnos por nosotros mismos. Según esta teoría los primates formaríamos un tercer grupo que sería el de animales portadores o llevadores.

¿Nos malacostumbramos a los brazos?

Si lo piensas un poco ambas teorías son compatibles, pero aunque no lo fueran da igual cuál sea la correcta ya que en ambos casos lo que necesita el bebé es lo mismo: ¡brazos! Si somos animales que nacemos prematuramente es lógico pensar que el lugar indicado para pasar esos otros 9 meses en el período que se conoce como de exterogestacion debería ser el más parecido al útero materno, donde aún deberíamos estar, y éste es encima de mamá, eso es lo que el bebé espera al nacer prematuramente. Y si somos animales portadores lo que el bebé espera al nacer es estar encima de mamá o de otro cuidador que le lleve y le traiga durante esa primera infancia en la que aún no es suficientemente independiente.

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¡Cógele, es lo que necesita!

Así pues debemos plantearnos si esa frase repetida hacia la saciedad de ¡No le cojas que se acostumbra! es cierta o lo correcto debería ser ¡Cógele que es lo que espera! Así que ya sabes, no lo pases mal si quieres coger a tu bebé en brazos, es más hazlo aunque no te lo pida porque es el lugar al que pertenece, no a un carrito solitario y sin amor. Otro día veremos además todo lo que se pierde un bebé que no va en brazos, pero aunque no se perdiera nada, ¿tu dónde prefieres estar, en el salón con toda la familia o sola en otra habitación?.

Y ya sabes, para darle a tu bebé todos los brazos que espera y necesita sin sobrecargar los brazos ni la espalda, los portabebés nos ayudan a repartir bien el peso por nuestro cuerpo y nos permiten tener los brazos libres para hacer otras cosas del día a día, como atender a otro niño, comer, cocinar, leer… ¡lo que necesites! Así que busca tu portabebés ideal y sal a hacer tus cosas con tu bebé encima, que es ¡donde debe estar!

Si te ha sido útil cuéntamelo y comparte para poder ayudar a otras familias. ¡Gracias!

1 LA Dawson [CC BY-SA 2.5 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.5)], via Wikimedia Commons

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