Aquellos maravillosos años: mis inicios en el porteo ergonómico

Como te contaba el otro día en las redes sociales esta semana ha empezado el curso de la 10ª promoción de Asesoras de Porteo de Monitos y Risas de la que formo parte. Sí, hice mi formación con la 9ª promoción pero cuando estaba acabando las prácticas Elena (mi profe) anunció que la nueva promoción ampliaba contenidos, añadía formación y prácticas presenciales y además nos iba a permitir disfrutar y aprender de las clases magistrales de los 3 primeros años del Ateneo de Monitos y Risas, una formación continúa para seguir formándonos, mejorando como asesoras. Era una oportunidad maravillosa y la aproveché, y ahora formo parte también de la 10ª promoción de Asesoras de Monitos y Risas, lo que supone un año de formación teórica y práctica más los 3 años de clases magistrales, todo para dar el mejor servicio y apoyo posible a ti y a tu familia

Además está semana celebramos por primera vez la #SemanaEuropeaDelPorteo y, nada más empezar, Elena nos ha propuesto una actividad, contar cómo fueron nuestros inicios en el mundo del porteo, la primera vez que llevamos a nuestro bebé,  cómo fue y qué sentimos, así que eso es lo que voy a compartir hoy contigo: mis inicios en el porteo ergonómico.

Ha decir verdad mi historia con el porteo no empieza con mi hija, ni con mi embarazo, sino unos años antes, 7 nada menos. En 2008, cuando yo tenía 22 años nació mi prima pequeña, por fin tenía una prima! Y aunque la diferencia de edad no nos permitía compartir juegos si permitía otras muchas cosas. Una de ellas era llevarla en brazos, y claro si era con un portabebés mejor, más cómodo. Así que la llevaba en la mochila que sus padres habían comprado, ergonómica claro, y nos íbamos de paseo tan ricamente.

Gracias a esa experiencia siempre he sabido que quería portear a mis hijos, así que durante mi embarazo mi tía me dejo un fular y me enseñó a usarlo. Al principio sólo lo usaba para pasear cerca de casa porque en pleno Enero ponerme en mitad de la calle a anudar, sin espejo, sin experiencia y con un bebé chiquitín me daba miedo. En una tienda de mi ciudad me descubrieron el fular elástico y la posibilidad que me daba el preanudado de salir con el nudo hecho de casa y meter y sacar al bebé, y ahí cambió todo.

iniciación porteo ergonomico
Nuestros primeros paseos porteando
fular portabebe elastico
El elástico nos abrió un mundo nuevo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Yo cojo mucho el coche y el preanudado del fular elástico me daba la posibilidad de dejarme el fular puesto y meter a la bolita cuando llegábamos al lugar que fuera, e incluso volver a meterla y sacarla si tenía que hacer recados en diferentes lugares, una maravilla. Con mi experiencia actual no sería la opción que elegiría ahora, pero entonces me abrió todo un mundo de posibilidades y gracias a eso pudé llevar a mi bolita cerca y dejar de pasar pena por llevarla metida en el capazo solita, sin contacto y sin ver nada más que el techo de la capota.

Recuerdo los primeros paseos en Navidad visitando el mercadillo y el enorme Belén que ponen en Zaragoza y ella metida en el carro, sola, sin vernos ni olernos, que sensación más horrible tenía yo. Sobre todo sabiendo que había otra forma de hacer las cosas, pero no me atrevía por inexperiencia y por desconocimiento. Pero por fin podía llevarla junto a mí, abrazarla, besarla, sentirla, olerla, darle calor y amor.

Al tiempo empecé a cambiar el nudo con el que llevaba a la nena en el fular y a coger confianza y seguridad, así que con 5 meses compré una bandolera para usarla hasta que pudiéramos usar la mochila que teníamos en mente comprar para que papá también porteara, y que ha usado 4 veces contadas. Pero mientras me entró el gusanillo del fular tejido y compré uno, y me encantó, pronto quise aprender a hacer más nudos. Ella también le cogió el gusto y cuando estaba intranquila y le enseñaba la tela del portabebés enseguida se calmaba porque sabía que iba a su lugar favorito.inicio porteo fular

Cuando mi niña tenía 9 meses me apunté a la 9ª promoción de asesoras de Monitos y Risas, y a partir de ahí amplié mucho mi baúl de portabebés, porque #NoEsVicioSonHerramientasDeTrabajo. Y es cierto, creo que una parte importante de mi trabajo es probar y conocer los diferentes portabebés para poder ayudarte a ti en tu elección y ayudarte con su funcionamiento. Así que ahora también tenemos una emeibaby, más fulares y bandoleras, un tonga, vamos un buen surtido de portabebés para llevar a la bolita en cualquier ocasión.

Mi nena ha crecido mucho desde aquellas primeras veces de porteo en las que se quedaba dormida en minutos, ahora ya le cuesta bastante dormirse en el portabebés porque no quiere perderse nada de lo que hay a su alrededor. Portear sigue siendo de gran ayuda para poder hacer tareas de casa en algunos momentos, y desde luego para ir a la calle de forma mucho más cómoda y ligera, sin tener que buscar rutas alternativas para acceder con el carrito, pero lo que nos sigue dando siempre el porteo es la posibilidad de ir juntas, de olernos, acariciarnos, sentirnos.

Siempre digo que el porteo y la teta son mis dos grandes aliados en la maternidad, me han facilitado mucho la crianza. Son mi remedio para (casi) todo, y un buen remedio porque siempre funciona. Ahora mi bebé ya no es tan bebé, está empezando a andar y aunque seguimos porteando los ratos son más cortos porque debemos respetar su necesidad de suelo y movimiento, pero el portabebé es el lugar al que volver cuando está cansada, tiene sueño o quiere mimos. Es su hogar dulce hogar.

Y tú, ¿cómo llegaste al porteo? Anímate y cuéntamelo en comentarios o en las redes sociales. Llenemos la red de historias de porteo para celebrar la #EBW2017

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